¿Cuál es la capital europea del claqué?

¿Cuál es la capital europea del claqué?

Ni más ni menos que Barcelona. Y muchos de sus bailarines han alcanzado fama internacional.

Si asociabas el claqué con Fred Astaire, Gene Kelly y el auge de la comedia musical americana en los años 30 y 40 del siglo XX, deberías leer este artículo hasta el final. Porque ni el claqué nace con los musicales ni acaba con la declinación del jazz.

En efecto, el Claqué, Tap Dance,  Tip Tap o Jazz Tap nació como una mezcla de bailes que los inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron consigo a los Estados Unidos allá por 1830. Además, tiene una clara influencia africana: Los esclavos en américa tenían prohibido poseer instrumentos de percusión, por lo que marcaban el ritmo de sus bailes con las manos y los pies. En los suburbios de Nueva York se reunían los practicantes del Tap para demostrar sus habilidades y competir entre ellos. Así fue evolucionando desde el rígido zapateo escocés a una coreografía que inundó los teatros con sus espectáculos y llegó a la gran pantalla.

Es verdad que el Claqué se asoció tradicionalmente con el jazz. Lo que hoy conocemos como Jazz Dance no es más que la evolución del Tap Jazz y cualquier observador un tanto detallista puede notar la influencia del Claqué en los pasos. Pero no es que el tap haya sido engullido por el Jazz Dance, ha vuelto con nueva fuerza y ha evolucionado. Hoy puede utilizarse el funk o el hip hop para bailar. Incluso han vuelto las competencias en las que los bailarines improvisan sobre el fondo de una canción.

Por cierto, el Claqué es una de las pocas danzas con nombre onomatopéyico. Los zapatos de los bailarines llevan una placa de metal en taco y punta que producen el sonido característico.

Si bien a nivel profesional el Claqué es una danza que requiere fuerza, agilidad y destreza en los movimientos, cualquiera puede bailarlo. Su aprendizaje se adapta muy bien a todas las edades y sexos. Así los niños disfrutarán dando saltos y volteretas, los jóvenes harán una danza más briosa y los mayores un claqué más suave y elegante. Todos obtendrán del claqué beneficios similares:

  • Mejorar la sincronicidad corporal.
  • Descargar tensiones.
  • Abstraerse de las preocupaciones.
  • Centrarse en el «aquí y ahora»
  • Disfrutar del presente.
  • Aprender a producir ritmos con los pies.
  • Mejorar la musculatura de las extremidades inferiores.
  • Aumentar la agilidad y la flexibilidad.
  • Incrementar la elegancia al caminar.

Quizás no lleguemos a emular a Fred Astaire o a Gene Kelly. Ni falta hace tampoco. Lo que sí es seguro es que disfrutaremos al descubrir el ritmo que llevamos dentro mientras nuestro cuerpo y mente ganan en bienestar y armonía.

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